5. ¿Los periodistas somos educadores, gestores, ciudadanos, puentes o meros descriptores? (primer debate)

V.
PRIMER DEBATE: ¿Los periodistas somos educadores, gestores, ciudadanos, puentes o meros descriptores?

Este blog naciò de un amargo descubrimiento: Los periodistas reproducimos un discurso movilizador que repite que todo està perdido, que no hay lucha por hacerse, que no vale la pena actuar, que es mejor encerrarse en casa.
Este blog nació con una propuesta: Debatir entre colegas nuestra profesión. Y surgió con un proyecto: Volver a los bàsicos del periodismo que se asumía como puente o canal y que vigilaba los intereses de los ciudadanos y cambiar la mirada para, de perdida, no robar la esperanza a la gente con nuestras noticias.
De este intento nació un grupo de discusión por Internet (http://mx.groups.yahoo.com/group/periodismo_de_esperanza/) al que están suscritos 40 periodistas de México, Perù, Argentina, Estados Unidos y España.
Estos apuntes intentan ser un brevìsimo recuento de lo que hemos discutido entre nosotros. Son el esbozo de un diagnóstico del estado anímico de los periodistas. Son, también, una fuente de esperanza.
Esta es la primera entrega.

1: DE J.A. PERIODISTA DEL CARIBE
Periodista es una palabra muy genérica. Por consiguiente, habría que
ser más precisos en cuanto al verdadero y real papel de cambio que
podría protagonizar un periodista. A veces creo que nos
sobredimensionamos al suponer que podemos aportar algo para cambiar
algo. Somos menos que meras gotas de lluvia en un mar de información
que ahoga a los receptores que también somos nosotros mismos. Desde mi
punto de vista no cambia el objetivo que cada quien, dentro del oficio
de periodista, puede ejercer. Esto es, un reportero hace eso,
reportear, así como un fotógrafo toma fotografías o un articulista
expone sus opiniones. Pero el mar de la información actualmente es tan
turbulento que ahoga tanto al emisor como al receptor. Y suponer que
mediante nuestra palabra escrita o gráfica podremos moldear o cambiar
algo me parece mero atrevimiento literario. El viejo cliché del perro
que muerde a un hombre como escencia de la noticia es tan pobre como
aquel de dice que perro no come perro refiriéndose al hecho de que
entre los periodistas no debemos de criticarnos. Sin embargo, ese es
el escenario real en que se desenvuelve el periodismo que, al igual
que el todo, va cambiando en sus partes conforme avanza, por ejemplo,
la tecnología de acceso a la información. El periodista ya no es más
el ente aquel semi solitario y arcaico que deambula por la vida con
aires soñadores y románticos de profundos cambios de acuerdo a su muy
particular concepto de justicia porque su principal insumo, la
información, ya es patrimonio común. ¿Cuál es el camino que nos queda
a los periodistas? El mismo de siempre, ejercer nuestro oficio, cada
quien en su trinchera, con su propio talento, sin más pretensiones que
servir a nuestro prójimo. ¿El periodismo cambia el entorno o el
entorno moldea el periodismo? Me da la impresión que de origen el
planteamiento está viciado, pero opiniones hay muchas y son muy
respetables.

2: M. REPORTERA DEL DF:
No coincido en la segunda parte –en la q dices q ya pasó la época en la que el
periodista era un ente soñador q quería generar cambios y q en estos
tiempos se debe limitar a informar con responsabilidad.
En este punto me sumo a lo q dice Restrepo de q hay dos formas de
hacer periodismo, la q da cuenta de lo q sucede y la q conovoca a la
acción. Siempre hemos escuchado q los periodistas somos espejos de
la realidad, pero creo q no somos cualquier espejo, q podemos
decidir q queremos retratar. Y desde ahi, abrimos posibilidades.
Ahora, lo de generar cambios, no sé si se pueda, pero al menos
podemos aspirar a eso. No se cómo, se me ocurre que antes q nada
debemos mudar la mirada, poerle estrategia a nuestro trabajo, crear
redes de periodistas inconformes en las que podamos respirar aire
diferente, desenchufarnos de toda esa ideología –presente en todos
los planos de nuestra vida y sociedad yq transmitimos en nuestras
notas– q nos dice q no se puede hacer nada, q el fin de la historia
ya se cumplió, q no nos corresponde a los periodistas (ni a nadie)
meternos en este terreno.
Yo sí creo q debemos alumbrar el camino q conduce a los cambios, o a
las posibilidades de acción (pq tampoco creo q nosotros generemos
los cambios, pues el periodismo va más lento q la sociedad). PIenso
q podemos empezar ensayando la exploración de las causas de los
problemas q reportamos pq muchas veces en las causas están las
soluciones. Podemos incluir en nuestras notas de denuncia ejemplos
donde las cosas son diferentes, donde ya se ensayaron soluciones al
problema q denunciamos, donde la historia no acabó mal, lo
cuálpodría inspirar a una comunidad a hacer algo por cambiar la
realidad. Cosas así, sencillas q generalmente no acostumbramos
hacer. Pq ponemos punto final cuando enunciamos todas las desgracias
q vemos.
Pero, a veces no aspiro siquiera a eso de alumbrar soluciones. Eso
ya sería un lujo, a lo q sí aspiro como mínimo es a no robarle la
esperanza a la gente diciéndole q todo está perdido.

3: G: EDITOR DE DF

Siempre será más fácil decir “no se puede”. En efecto, por inercia nos hemos
convertido en gotas del inmenso mar de chabacanería y estulticia que satura
todos los días la prensa, radio, tv e internet. Y es que precisamente de eso se trata
la propuesta del periodismo de esperanza: de “ahogar” al lector con más información
y menos turbulencia. De darle contenidos útiles y no meros datos aislados. De
brindarle alternativas de solución y no convencerlo de que ésta es imposible. De
apostarle a la imaginación y no a las fórmulas trilladas. Y no se trata de
utopías quijotescas: si algo NO es patrimonio común es, precisamente, la información. Si un periodista supone que la información “ya es patrimonio común” por el solo hecho de que la encuentre en millonésimas de segundo por medio del google, me parece, con todo respeto, que no está haciendo su chamba (y de paso piensa que es inútil la de todos sus colegas). La imagen de un periodista que le machetee, buscando ángulos propositivos y entrenando una mirada nueva para refrescar su profesión es, sin duda, mucho menos romántica que la del bohemio solitario frustrado por no cambiar el mundo. Pero es también mucho más necesaria y urgente.

4. J.A. PERIODISTA DEL CARIBE.
¿Hay dos formas de hacer periodismo? ¿Una que cuenta
historias y otra que convoca a la acción? Realmente lo
dudo y es posible que, aceptando este intento de
dicotomía, prefiera un mal cuentista que trate de
transmitirme un sentimiento a un buen propagandista -
de cualquier signo ideológico-, que busque levantar a
las siempre victimizadas masas.

La palabra es un instrumento de comunicación que puede
pretender ser utilizado, por los periodistas en este
caso, de esta o de aquella manera, pero que puede ser
recibido de esta o de aquella manera. ¿Porque, quién
nos asegura que un mensaje es recibido por el receptor
como pretende el emisor? Yo estoy más convencido que
un buen y sabroso reportaje de los muchos que Usted
escribe, en el que refleja la parte humana, puede
dejar a cualquiera mucho más motivado que un discurso
incendiario que pretenda convocar a la acción; por
cierto, ¿a qué acción? Es demasiada pretensión y
orgullo suponer que los receptores son víctimas
ignorantes que están a la espera de que un periodista
lleno de esperanza le descubra una verdad revelada que
lo va a incitar a la acción.

Creo que el escenario, después de tantos años de
existencia humana,
es bastante claro. Es el individuo,
llámese periodista, científico o empresario, quien
transforma, motivado por el deseo de hacer el bien,
por la avaricia o por simple vanidad y orgullo.

Y creo que uno de los grandes problemas del periodista
es convivir con ese egocentrismo individualista que lo
lleva a querer transformar su entorno. Y que conste,
muy en su derecho de pretender cambiar el entorno.

Personalmente estoy más convencido que primero podría
intentar transformar mis propios pensamientos y
actitudes, antes que los pensamientos y actitudes de
los demás. Y eso lleva tiempo, generalmente más que
una vida.

5. M. REPORTERA DE DF
Entiendo sus argumentos porque los escucho cada vez que planteo a
algún colega la idea del periodismo de propuesta (que acá bautizamos
de esperanza, por aquello de no robarle esperanza a la gente).
Generalmente cuando lo planteo, mis colegas responden: “eso de
buscar soluciones ya no es periodismo” o “eso es militancia” o “la
idea demuestra soberbia” o cosas por el estilo.
Entonces les aclaro que la propuesta no es de periodismo militante,
ni intenta que nuestras notas lleven moralejas, ni mucho menos
lanzar consignas ideológicas, propaganda o mensajes mesiánicos. No
se trata de decir: “Lectores, víctimas de las noticias, uníos”. Ese
periodismo tampoco va conmigo.
Se trata, simplemente, de hacer un periodismo que busque también
soluciones. De ser periodistas y ciudadanos. En un ensayo que
escribí recientemente abordé este punto. Le anexo ese apartado, para
luego seguir discutiendo al respecto.

6: Y. REPORTERA DE DALLAS

El sólo concepto que origina este grupo, el del
periodismo de esperanza, me parece muy provocador y sumamente interesante..Es
un cuestionamiento que vivo, que me hago frecuentemente en las
coberturas y creo que me lo he hecho siempre…Que si desvalijaron
la casa de una familia en Texas, les destruyeron todo y los
vándalos dejaron la firma en la pared con una swástica y groserías
claramente racistas…¿Denuncio, describo el hecho en la nota, los entrevisto
y luego qué?…En este ejemplo, pasó que el mero hecho de leer lo
que se hizo contra esta familia hizo saltar a la acción a varias
personas y organizaciones…A veces el mostrar lo que pasa y los
ángulos inducidos por el reportero para hacer el señalamiento
específico, bastan para hacer que provoque en los lectores
algún tipo de acción…A veces creo que depende de la forma en que lo
aborde el periodista, de la frecuencia y del tono que use…Tal vez
se puede llegar más allá, ahondar más, inducir más,
evocar más, predecir o anticipar más…Pero a veces, los reporteros dependemos
sólo de la realidad que tenemos enfrente…El hecho mismo nos toma
en su dimensión para luego redimensionarse entre los lectores que
son la sociedad…Ahí está la esperanza, el milagro de que pase
algo con esa realidad de la que escribimos…Lo veo ahora con los
refugiados del huracán Katrina…Llegaron a Dallas miles de ellos,
casi todos negros, pobres y con desesperación h istórica…Parten el
alma y cada caso tiene su historia…Como todos los damnificados,
son lo mismo, igual que los desplazados, las víctimas de
violencia, racismo o discriminación…La forma y la honestidad con que el
reportero aborde el hecho en su texto dan una fuerza increíble a
un hecho que los lectores no pueden eludir…Me pasa a mi como
lectora..Aquí hay reporteros que creen
que su labor es de servcio comunitario y hasta educativa…Yo creo
que sólo es informar…Y nada más…Informando pueden
encenderse muchos fuegos, muchas pasiones, muchas acciones…Claro, también
puede anticiparse el futuro cuando se informa, pero va implícito,
se da por añadidura…Nuestra gente mexicana golpeada por tántas
crisis económicas, políticas, sociales, de todo tipo, es lógico que
sientan bastante ”desesperanza acumulada”, como dijo un político de
México que ya ni recuerdo su nombre (qué más da)…Las historias son
muchas y hay mucho espacio para ejercer periodismo de esperanza…Vale..

7: M. REPORTERA DE DF
¿Qué más puedo hacer a la hora de informar sobre una tragedia?
Comparto contigo esa apreciación de que generalmente
haciendo una nota de la denuncia de la situación ya es suficiente,
que la esperanza se produce cuando la noticia llega al lector (y
siempre, aunque no veamos los efectos, nuestra información produce
algo en alguien). En el ejemplo q pusiste, de los skinheads, los
afectados recibieron la ayuda necesaria. Es cierto q otras veces
parecería q algo más falta, pero q nuestra dinámica no nos da margen
para hacer más.
Pero, qué mas se puede hacer. Pensaba la cobertura de las
inundaciones y en el artículo de Restrepo de esta quincena, sobre el
paso de adelantarnos a lo q va a suceder. Creo que quedó claro que
la tragedia estaba más que anunciada, que las distintas
predicciones –difundidas o hechas por los propios medios de
comunicación– lo señalaban. Y pasó lo que tenía que pasar.
A río revuelto (o presa debordada) quizás se puede hacer poco. El
tiempo es corto. La información de lo q sucede en medio de la
tragedia será básicamente la q explique qué pasó y por qué. Pero,
una vez pasada la sorpresa inicial, ¿qué se puede hacer desde el
enfoque de búsqueda de soluciones? ¿Se puede abrir ventanas a la
esperanza con la información? Cuando me pregunté esto me vino a la
mente un reportaje que vi recientemente en CNN que trataba sobre
dónde podían buscar trabajo los desplazados, qué ciudades de EU
tenían más y menos índices de desempleo. Eso acotaba la tragedia y
daba un paso más allá.
(No sé si a alguien más se le ocurra otro ejemplo).
Sobre lo q dices de los periodistas q se creen educadores y
servidores comunitarios, yo comparto esa idea con ellos, con nuestra
información hacemos servicio social y educamos. Es un punto
interesante para discutir.

8: G. EDITOR CIUDAD DE MÉXICO
He leído con mucha atención tus puntos de vista y creo que dan pie a muchas e
interesantes reflexiones. Quisiera detenerme sólo en una: “Aquí hay reporteros
que creen que su labor es de servicio comunitario y hasta educativa… Yo creo que
sólo es informar… Y nada más…” En muchos colegas he oído afirmaciones semejantes,
ligadas en el mejor de los casos a tratar de deslindar el trabajo periodístico
de vocaciones fundamentalistas (el periodista como gestor, como vocero de los
desposeídos, como faro iluminador en medio de las tinieblas de la
desinformación; en síntesis, como beatriz guiando a dante por los círculos del infierno) o pretensiones megalómanas (la prensa como el cuarto poder, como la conciencia de la sociedad, como la destapadora de las cloacas ocultas, como el fiscal ciudadano); en el peor de los casos, se convierte en mera excusa para eludir responsabilidades respecto de lo publicado (”es sólo información”). También hay muchos periodistas convencidos de que esta profesión les da prestigio y glamour, por lo que es comprensible que les dé roña sentir que su trabajo es “comunitario” y “educativo”. Y, sin embargO, aunque entiendo que el sentido de tu frase no tiene nada que ver con todos los ejemplos anteriores, no puedo más que disentir. Sí creo que el trabajo de informar está ligado a un compromiso colectivo (aquí las palabras pueden ser traicioneras: la frase “servicio social” puede ser exponente del máximo ideal al que puede aspirar un reportero, o puede entenderse como la extensión del requisito académico para la obtención de un título universitario, ampliado a las tareas de las famosas ONGs) y sí creo que las definiciones
asépticas de la profesión contribuyen más rápido a su extinción. En México, los periódicos, la radio y la TV hacen efectivamente eso, “informar… y nada más”: Es decir, retacan sus páginas y programas noticiosos de datos, declaraciones, imágenes, estadísticas e historias desprovistas de cualquier sentido o prospectiva que tenga por objeto influir en la solución de aquello que se denuncia. Datos y palabras más dignos de un almanaque que de la atención social.
Y la verdad sí creo -parafraseando a lo que alguna vez dijera el propio
Restrepo- que los periodistas no son meros profesionales de empresas informativas, ni
aspirantes a literatos bohemios, sino depositarios de un bien público delicadísimo, que no puede estar exento de la obligación de ser de utilidad. Y me parece que eso es lo verdaderamente importante de profundizar en el concepto de periodismo de
esperanza: cada desgracia nos da siempre la oportunidad de cómo describirla.
Pero pienso que eso es lo fácil. Ser parte de la solución -y no mera caja de
resonancia del problema- es un poco más complejo, requiere de más trabajo de investigación e imaginación periodística. Pero a final de cuentas, pienso, de eso y no de otra cosa se
trata. Un saludo.

9: B. EDITORA DE LA SECCION LOCAL DE UN PERIODICO DE DF

Informar a secas es lo que nos enseñaron en la escuela. Ser objetivos ante todo y ante todos. No involucrarse jamás porque eso nos puede costar la vida…

Esos principios, tan arraigados en todos, son parte del problema que enfrentamos hoy los medios de comunicación.
¿Qué ha pasado? Pues que nos hemos convertido en perfectas cajas de resonancia de tragedias y malas noticias. Páginas enteras, horas interminables, imágenes desgarradoras, material suficiente para generar úlceras hasta en el más insensible.

Y ahí queda todo…
Desgarramos a la gente, al lector, al radioescucha, al tele espectador… y ya. Nos vamos a casa a descansar y a veces pasamos por unas chelas pa’ agilizar el camino de regreso.

Pero, ¿qué pasa con el lecot, el radioescucha, el tele espectador? Se queda con su dolor de panza, con la impotencia que genera el dolor ajeno, con la frustración que genera pensar que le hubiera podido pasar a uno.

Por eso, la gente ya no quiere leer periódicos, ni escuchar noticieros de radio y le cambia en cuanto empieza el noticiero, con sólo oír el resumen de desgracias en el teasser.

Por eso la gente normal se aleja de nosotros y nos siente ajenos, lejanos. Después de todo a nadie le gusta ver, oír o leer cosas que le generan sólo dolor de estómago.

El periodismo de esperanza busca seguir haciendo que les duela el estómago, pero también darles un alkazeltzer para que se les quite. Quiere hacer algo, decirle a la gente cómo puede ayudar, que es la mejor medicina contra los males mayores. La gente es generosa por naturaleza, quiere enterarse de la tragedia, sí, pero también qué hacer para ayudar, para que no se repita, para que no vuelva a suceder.

Hay que decirle a la gente lo que sucede, pero pensando más allá del día en que se va a publicar. Hacer las notas con más de 24 horas en mente, darle vida extra a nuestros textos haciendo un poco más de investigación, buscando el origen del problema para encontrar una o varias vías de solución.

No se trata de decirle a la gente “vaya y done”, “aprenda”, “lea y eduque”, no. Se trata de decirle “pasó por esto” y “si quiere ayudar, puede hacer esto”, “si quiere más información, vaya aquí, llame allá o consulte acá”. Al final de cuentas, sólo estamos haciendo nuestro trabajo, informar, le decimos a la gente dónde y cómo, para que ellos tomen la decisión que prefieran.

La gente es generosa por naturaleza y, cuando algo le conmueve, quiere hacer algo al respecto, que es la reacción a la que aspira Yolanda. Al ir más allá, les ahorramos pasos.

Porque es normal que cuando algo les conmueve, los lectores llaman al periódico, para preguntarle al reportero dónde acudir, dónde ayudar, dónde buscar más.

Cuando agregamos el plus de la esperanza, le damos vida extra a nuestros textos. No pasan de la mesa al basurero, la gente, algunos no todos, con uno basta, los recorta y los guarda en la agenda, los pega en el refri para recordar discutirlos con la familia, los envía por mail. Y un trabajo que tiene normalmente 24 horas de vida, gana más mucho más tiempo.

No se trata de ponernos mesiánicos y, convertidos en semidioses, decirle a la gente cómo actuar, no. La diferencia es tan sutil que a veces se pierde de vista. Se trata solamente de darle herramientas, vías de salida, aspirinas virtuales para quitarles el dolor de cabeza que genera la descarnada realidad.

Es sólo pensar en el lector, pensar en el día después, apostarle, con hechos, a generar un cambio.
Saludos



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