¿QUE PASÓ AL INTERIOR DE LA MINA EL DÍA CERO?

2:00 a.m. y segundos. El tronido seco del fondo de la mina no viaja solo. Un “caldo hirviendo de carbón” lo acompaña. En lo oscuro, Jesús Galván lo ve venir. Por instinto se tapa la cara con las manos. La piel se le derrite; no volverá a servirle la mano. El aire lo empuja y le tumba el casco; el caldo le salpica la frente.
Por cinco minutos da vueltas, llorando del dolor. Se desmaya. Unos rescatistas lo encontrarán más tarde 700 metros adentro de la mina y tres días después despertará en el hospital.

 

¿QUE PASÓ AL INTERIOR DE PASTA DE CONCHOS EL DÍA CERO?
Por Marcela Turati/Publicado en periódico Excélsior

19 DE FEBRERO DE 2006

2:00 a.m. Un ruido seco sale de la panza de la mina. Pum. El siguiente, más fuerte, viene acompañado de un derrumbe. Del cielo caen rocas, vigas de metal, pilotes de madera, tierra.
Cinco toneladas de escombros aplastan al movedor de banda José Manuel Peña Saucedo, lo tiran, lo atrapan de costado en la diagonal 17. Muere por asfixia: una montaña de roca le rompe siete costillas y le oprime los pulmones hasta la muerte. Sus últimas inhalaciones son de aire con polvo de carbón.
En la diagonal 9 queda tendido Felipe de Jesús Reyna, y otros dos o tres compañeros. En los dos kilómetros 780 metros de túnel están atrapados 76 mineros; 65 de ellos para siempre.

Minutos antes de las 2:00 a.m. Dos mil 600 metros adentro de la mina 8 de Pasta de Conchos, de Sabinas, Coahuila, y a 160 metros bajo tierra, 25 mineros están en plena maniobra de colocación del Minero Continuo, la máquina taladradora que extrae carbón.
En ese laberinto el ventilador estaba detenido (había sido apagado ocho horas antes), y el gas metano subía peligrosamente. Ya había rebasado el 1.5% permitido. Ya pasaba el 4% que lo hacía volátil.
Faltaba una chispa para que todo explotara. Una chispa que podía salir de las cajas eléctricas que no estaban blindadas como en las minas más modernas, o que podía ser producida, incluso, por la electricidad de un cabello o el roce de la ropa.
Justo en la diagonal 42, el lugar más alejado y peor ventilado, donde se ha acumulado más gas y concentrado la mayoría de los trabajadores de este tercer turno, están suspendidas las labores del Minero Continuo y su medidor de metano, el que detiene la producción cuando los niveles se disparan e indica que hay que evacuar.

2:00 a.m. y segundos. El tronido seco del fondo de la mina no viaja solo. Un “caldo hirviendo de carbón” lo acompaña. En lo oscuro, Jesús Galván lo ve venir. Por instinto se tapa la cara con las manos. La piel se le derrite; no volverá a servirle la mano. El aire lo empuja y le tumba el casco; el caldo le salpica la frente.
Por cinco minutos da vueltas, llorando del dolor. Se desmaya. Unos rescatistas lo encontrarán más tarde 700 metros adentro de la mina y tres días después despertará en el hospital.
Al mismo tiempo las estructuras se desploman en efecto dominó. El cielo de rocas se desploma sobre 76 hombres.
La endeble estructura de Pasta de Conchos no tenía mallas metálicas en el techo que contuvieran los derrumbes. Era una túnel con marcos de madera y vigas metálicas sin separadores entre sí. Con frecuencia las piedras se desprendían y lesionaban trabajadores.
Carecía de tomas de agua para sofocar incendios y elementos tan simples como botiquín o “cuerda de vida”, la que conduce a la salida cuando todo está oscuro. Los pilotes de madera no ajustaban del techo al piso; los cables eléctricos no estaban resguardados en cajas metálicas; algunas zonas estaban inundadas.
La situación de la mina no correspondía a las ganancias que deja el carbón: 130 dólares la tonelada por 280 mil toneladas extraídas al año. Las ventas acumuladas de Grupo México, al 30 de septiembre de 2006, fueron por 4,490.9 millones de dólares, un 18% mayores a las ventas del mismo período del año 2005.

4:00 a.m. Fermín Rosales despierta y se da cuenta de que está tirado en el piso. Ve tinieblas. Escucha unos quejidos cercanos, alguien más allá pide auxilio. Pregunta a la oscuridad quién está cerca. Ricardo Salazar, Marcos Marín y ‘Morlacos’ Cruz contestan. Se buscan a tientas, razonan en voz alta hacia dónde quedó la salida.
Fermín saca el autorrescatador que lleva consigo y que le dará dos horas de oxígeno. Va palpando las rocas, tentando montones de tierra, la mina deshecha como polvorón. Una peste a quemado viene del fondo y lo impregna todo.
Sale del comedor, camina 100 metros , le faltan otros 500 en subida para alcanzar la salida. Piensa que tiene la espalda quebrada y se acuerda que minutos antes –que cree que fueron dos horas— un golpe de aire lo impulsó contra las paredes y lo dejó inconsciente.
“Morlacos” Cruz Álvarez no reacciona. No entiende qué pasó. No puede incorporarse. Fermín lo toma del brazo, se apoyan y van hacia donde sienten aire.
Pasos adelante Fermín se deja vencer: el dolor en el pecho, la espalda, la cabeza, las rodillas no lo deja seguir. Se asusta al acordarse de que el cable metálico que los sacaría al exterior no funcionaba al inicio del turno.
Descubren que unas luces se acercan y se sientan a esperar el rescate.

Al mismo tiempo, a unos metros. A Marco Antonio Contreras, operador de banda, le cae una viga en el estómago y la pierna, trata de calmarse, escucha gritos de dolor cercanos. Se arrastra con una pierna hasta que topa con lucecitas de cascos y grita: “¡Vengan, atrás hay dos quemados!”, y pregunta si ya sirve el malacate.
Ayuda a sacar a sus compañeros heridos con la experiencia de salvamento que tomó en las minas de Mimosa, de Altos Hornos de México, antes de que su despido.

6:00 a.m. “T-t-engo frío…. m-e-m-e duele todo”, dice Hervey Flores a las personas que encuentra cuando despierta en el hospital.
Recurda el sonido del dinamitazo acompañado por de tanques de gas con fuga, no olvida el olor a quemado.
Una nube negra lo noqueó; le arrancó el caso, le quemó cara, manos y cabello, le flameó los ojos y rastrilló una ceja y lo tumbó al suelo sin conciencia. Cuando reaccionó palpó en la oscuridad fierros y piedras encima de su cuerpo.
Un ingeniero le decía que aguantara, que ya iban a sacarlo.

18 DE FEBRERO, UN DIA ANTES

18:00 p.m. La labor del segundo turno era sencilla: apagar el ventilador auxiliar y quitar las lonas de ventilación para colocar al Minero Continuo en otro cañón. Al apagarlo el aire se espesa. El gas comienza a acumularse y lo hará durante ocho horas.
El procedimiento era de rutina: los mineros ya no diferencian cuándo está prendido el ventilador y cuándo no, ya se acostumbraron a que mientras más avanzaban en el túnel para el corte de carbón, menos aire llega.
Avanzan más rápido que los trabajos para crear un nuevo tiro de ventilación que sea suficiente para airear los 2.6 kilómetros de pasillo. Sus patrones no esperaron los meses que faltaba para que el trabajo estuviera terminado.

22:00 p.m. Antonio sale de su casa rumbo a Pasta de Conchos. Va contento porque es su último día que trabaja.
Por la mañana había ido a misa con toda su familia para darle gracias a Dios porque había librado los peligros que lleva su oficio de minero. Tan animado estaba que había comenzado a planear su fiesta de aniversario de bodas y de cumpleaños, y anotado la lista de invitados.
Pidió a Chavis, su esposa, que ese día se pusiera el vestido con el que se habían casado, pero ella decía que ya no le entraba. Su último día de trabajo sería el último de su vida.

23:30 p.m. Comienza el tercer turno del sábado 18 de febrero.
Los mineros demoran en entrar porque las telesillas, el malacate y algunas máquinas tienen falla; acuerdan parar a las 4 de la mañana para empezar la caminata al exterior previendo que sólo así saldrían a las seis de la mañana, al final del turno, los colegas mayores de 60 años, que tenían que recorrer hasta 3 kilómetros por falta de telesillas.
Los 76 se pierden dentro de la boca mina. El gasero Mario de Jesús Coprdero no baja antes que todos para medir los niveles de gas y autorizar la entrada; en Pasta de Conchos no se acostumbra.
No se sabe si en algún momento detectó que los niveles de metano indicaban que todo era volátil. No pudo salir a dar su versión.
La orden de los trabajadores de ese tercer turno era reinstalar las lonas de ventilación y el Minero Continuo en el diagonal
42, y reencender el ventilador auxiliar. Llevaban ocho horas sin funcionar. Tampoco había metanómetro donde especifica la norma.

15 DE FEBRERO, TRES DIAS ANTES

Los resultados de la medición quincenal indicaban que en el punto más hondo de la mina, el aire ingresaba al 50 por ciento de lo normal. No llegaban los 350 mil metros cúbicos por minuto que la norma oficial establece.
Ese día y los siguientes, los mineros siguieron bajando.

7 DE FEBRERO, 12 DÍAS ANTES

El inspector federal de la Secretaría de Trabajo inspecciona la mina y verifica que la empresa hubiera cumplido las recomendaciones que desde 2004 estaban consideradas como de remediación inmediata.
Entre estas: activar los paros de emergencia a lo largo de las bandas transportadoras; reforzar el sistema de fortificación en el cielo; eliminar vigas dañadas; practicar el repolveo con polvo inerte y hacerlo de manera periódica; activar el paro de emergencia continuo número 1 y colocar válvulas de seguridad faltantes en dos recipientes sujetos a presión”.
No insiste en todas las recomendaciones, como es el caso del uso de polvo inerte que aísla posibles chispazos de carbón y evita que se expandan.
Las toneladas de polvo inerte que Grupo México había comprado alcanzaban para la mitad de la mina, no consideraron que sus trabajadores iban cada vez más hondo y no paraban nunca.
Incluso, cuando los niveles de gas superaban 1.5%, ponían una bolsa sobre el detector del Minero Continuo para que no detuviera la producción.

2005
Altos Hornos de México castiga a sus trabajadores que se rehúsan a ser reubicados de su mina recién cerrada Mimosa 2, porque perderían su antigüedad. Los incluye en una lista negra y sanciona con no recontratarlos hasta el 2007.
Los “castigados” piden trabajo en Pasta de Conchos. Varios son contratados directamente y otros tomados por General de Hulla, la empresa subcontratista que hace trabajos en la misma mina a menor paga.
Por ejemplo, un Operador de Equipo de Producción de Grupo México gana a la semana mil 500 pesos con bono y uno de General de Hulla 700.
Galván estaba entre los despedidos, llevaba 20 años en Mimosa y lo tomaron por poco sueldo en Hulla. En el accidente se quemó las manos.

OTRA VEZ, 19 DE FEBRERO DE 2006

8:00 a.m. Siete mineros maltrechos fueron rescatados e introducidos en ambulancia; cuatro salieron por su propio pie y 65 no aparecen.
En cientos de hogares de la región comienza a sonar el teléfono y a escucharse la misma pregunta: “¿Ayer fue a trabajar tu esposo? ¿Ya escuchaste lo que dice la radio?”



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