EL ALCALDE DE LA R-15
El presidente municipal serrano Jesús Velázquez es “el malo de la película”: usa armas, carga y descarga mercancía, y se enfrenta a plomazos con judiciales y soldados. El botín de lo que gana por vender droga lo reparte entre los más pobres. Sus proezas de película, lo han hecho famoso.
EL ALCALDE DE LA R-15
Por Marcela Turati /Periódico Excélsior
Jesús Velázquez, el alcalde del municipio serrano Guadalupe y Calvo donde se rumoraba que estaba escondido “El Chapo” Guzmán, carga una metralleta R-15.
Lo hace en la película “Plomo en la Sierra ”, que comenzó a distribuirse la semana antepasada en Chihuahua, donde protagoniza a ‘Chuy’ Castillo, un agricultor pobre caído en desgracia que en el narcotráfico ve la oportunidad de salir adelante.
Transformado en “el malo de la película”, usa armas, carga y descarga mercancía, y se enfrenta a plomazos con judiciales y soldados. El botín, sin embargo, lo reparte entre los más pobres.
El nombre del alcalde, hasta hace unas semanas desconocido, aparece en la cartelera junto al de los actores Erick del Castillo y Rafael Goyri.
“En esta película soy malo de a de veras, yo y Rafael somos los jefes de la mafia, empezamos muy humildes y fuimos creciendo, él como jefe y yo como ayudante o socio, y nos convertimos en jefes de lo que es el narco y nos peleamos contra el Ejército. Es que como el Ejército y unos maleantes me mataron a mi familia cuando andaba yo en mi labor, pizcando maíz, por eso yo supuestamente le entré al negocio malo, tratando de vengarme”, relata emocionado el priista.
La entrevista con este político-revelación se hace en una modesta cafetería del centro de Chihuahua, a donde llegó manejando su troca; ocho horas de camino mediante. Viajó a la capital del Estado a hacer gestiones y para viajar al Distrito Federal a recoger ropa, medicinas, cobijas y juguetes que le donaron para sus gobernados.
Velázquez dice que la invitación a ser actor lo tomó por sorpresa. Ocurrió cuando Goyri estaba filmando “ La Ram Blanca ”, en Guadalupe y Calvo, y lo invitó a ser extra.
“En esa película nomás era colaborador de un protagonista que era de esos malos, yo nomás lo acompañaba a pelearnos en enfrentamientos con la policía judicial, pero me destituyeron: me mataron a media película”, dice risueño.
A punto de iniciarse el rodaje del segundo filme, Goyri lo invitó a ser uno de los protagonistas; un verdadero capo de la mafia.
“En un principio no quería salir, el tema no me gustaba muy bien porque yo pensaba: ‘siendo presidente, cómo voy a estar metido en eso’, y al último pensé que una película es una película y ni modo que vayan a pensar que es cierto eso que estoy actuando”, se justifica.
Velázquez es un hombre de 45 años que tuvo nueve hermanos y es padre de familia. Vivió en su rancho, San Julián, hasta que fue elegido alcalde. No pudo estudiar secundaria (“no hubo oportunidad”, explica). Ahora se presenta como empresario, dueño de un pedazo de bosque y, últimamente, como actor.
–¿Y quién gana en la película? –se le pregunta.
–Nosotros ganamos– responde con una sonrisota; inmediatamente, agrega: “No se crea, se quedó congelada la imagen cuando nos rodearon los militares y empezamos a abrir fuego, y no se supo quién ganó”.
–Entonces el Ejército los mató.
–Nooo, no nos dejamos –alega– se quedó en suspenso, quién sabe qué pasa.
–¿En su municipio hay mucho narco?
–No.
Con la pregunta se le congela la sonrisa. Tarda unos segundos en retomar el hilo de la conversación, se pone triste, deja de comer la gelatina que saboreaba.
“Por eso no quería hacer la película, luego iban a estar diciendo que se hizo porque hay mucha (droga), y no es cierto. Eso es muy delicado. No es ninguna denuncia de lo que no hay. Yo he visto películas como la de ‘El Carro Rojo’, de don Mario Almada, a quien admiro, y un montón que hacen alusión de narcotraficantes, y eso no significa nada. ¿A poco se puede malinterpretar?”, pregunta entristecido.
Se le insiste en el tema, y dice que los recientes operativos antinarcóticos no llegaron a su municipio, porque la gente es pacífica. Argumenta que la locación fue Guadalupe y Calvo porque tiene muchas bellezas naturales, y era una oportunidad para atraer al turismo. Agrega que el suyo es un municipio rural, donde poco más de la mitad de la población son tarahumaras, y hay mucha pobreza y niños desnutridos.
“(Al equipo de producción) les presté facilidades y les indiqué los lugares más bonitos del municipio para que hicieran las escenas. Me dio gusto que eligieran filmar en el municipio para aprovechar para promocionarlo o que interese a algún otro artista en hacer una película allá”.
Aunque su municipio es de difícil acceso, asegura que la película dejó una derrama por el turismo: “Rápidamente noté la afluencia de gente que llegó al municipio con la intención de arrimarse a ver cómo se filma, y esos que se arriman consumen en la tienda, compran, y los de la película ocuparon los hotelitos y restaurantes durante dos meses”.
Eso sí. La prensa local le ha aplaudido que la película muestra paisajes hermosos, como la Presa del Caldillo, las Barrancas del Cobre, la Hacienda del Beneficio, la antigua Casa de Moneda, las Cabañas ‘El Hostal’, la cascada ‘El Chorro de Catalina’, el cerro del Mohinora (”el más alto del Estado”), la presidencia municipal, la plaza y hasta el arco que da la bienvenida a la cabecera.
“Pregúnteme mejor como hice para filmar, cómo me las ingenié para no entorpecer mi labor de presidente”, sugiere cuando le regresa el entusiasmo y, sin esperar, él mismo se contesta: “Desde temprano hasta las 3 de la tarde, mi labor de alcalde, y después las tres grababa las escenas que me tocaban, por eso decían los medios que yo era de día alcalde, por la tarde actor”.
Antes de levantarse de la mesa, el alcalde deja de recuerdo el DVD con los 90 minutos de acción, donde se ve su evolución de indio con jergón encima a ranchero de saco negro con incrustaciones de piel que, cuando quiere, es muy malo y en sus buenos momentos se convierte en un Robin Hood que reparte su botín entre los habitantes de su municipio, que aparecen de extras.
En la tapa se le ve malencarado y con un sombrero blanco como el que trae puesto hoy, aparece también una avioneta, las barrancas y una R-15. En la sinopsis se lee: “La historia refleja una realidad que vive nuestro país. Nuestros personajes se ven en la necesidad de sembrar yerba, y después de una balacera descubren el potencial tan grande que es el narcotráfico llegando a ser los capos de la sierra. El ejército los persigue, desatándose una guerra encarnizada”.
Chuy Velásquez, si se le llama por su nombre artístico, habla también de su futuro artístico: “Me han estado invitando a filmar otras más y he dicho que sí, que más adelante, a ver si hacemos algo pero de otro tema”.
Al final, emocionado, lanza una pregunta: “¿Por qué el interés en entrevistarme a mí? ¿A poco nunca habían invitado a un presidente municipal a actuar? ¿Tuve tanta suerte?”.